Derecho Divino y Derecho Humano

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Siendo la Iglesia una sociedad de hombres fundada por Jesucristo, las principales y primeras atribuciones de derechos y deberes en ella, tienen su fundamento en la voluntad de su Fundador, y son por tanto de derecho divino.

Cristo ha constituido su Iglesia con unas características, fines, medios y normas de funcionamiento que la definen, son inmutables y constituyen el núcleo fundamental y perpetuo del derecho canónico: el derecho divino.

También forman parte de ese núcleo las consecuencias jurídicas que derivan del hecho de que la Iglesia ha sido fundada para los hombres y está formada por hombres. Por lo tanto son también de derecho divino (natural) las exigencias de justicia derivadas de la condición humana, en cuanto están en relación con la dimensión social de la Iglesia.

Lo cual significa que también nuestro conocimiento del derecho divino es siempre perfectible. En esta profundización desempeña un papel fundamental el Magisterio eclesiástico, que, con la asistencia del Espíritu Santo, interpreta y expone auténticamente la Palabra de Dios. Contribuyen también al progreso en la comprensión del derecho divino, los avances de la teología y de la ciencia canónica, la liturgia y la vida misma de la Iglesia a lo largo de la historia.

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El derecho divino indica lo que es justo en la Iglesia en sus líneas fundamentales, no resuelve explícita y directamente todos los interrogantes relativos a lo que sea justo en cada caso singular; es necesario formularlo, desarrollarlo, interpretarlo y explicarlo teniendo en cuenta también, las circunstancias particulares. De este modo, han surgido respuestas sobre lo que es justo, que son fruto del ingenio humano, algunas veces tomadas de la cultura jurídica civil.

El derecho humano es mudable y siempre perfectible: aquello que la razón humana juzga hoy como justo, mañana puede llegar a ser injusto por un cambio de circunstancias. Pero el derecho humano no puede contradecir al divino, pues en tal caso sería ciertamente injusto. Al contrario, debe buscar interpretar siempre mejor las exigencias de la ley divina, extraer de ella todas sus consecuencias. Por lo tanto, el derecho divino es principio inspirador y límite necesario del derecho humano.

Preparado por P. Jorge Nelson Mariñez Tapia
Fuente: Introducción al Derecho Canónico (José T. Martín de Agar)


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