Naturaleza y Espíritu de cada una de las Horas. Parte III

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Oficios de Lecturas: El margen muy amplio dado a las lecturas bíblicas y a autores eclesiásticos caracteriza a este oficio como tiempo de escucha de Dios que habla, momento de meditación sobre las realidades reveladas por él, de contemplación de la historia salvífica y, en particular, del misterio de Cristo.

Crea el ámbito espiritual favorable para la atención a la voz de la iglesia, que se hace anunciadora, maestra y guía espiritual. Pero la escucha que caracteriza a este oficio no debe hacer olvidar la nota general de toda la Liturgia de las Horas, la de la alabanza, que se pone de relieve sobre todo en el himno y en los salmos.

El oficio de lecturas es el heredero de los antiguos nocturnos, pero libre de su primitivo condicionamiento horario. Sin embargo, siempre que se pueda y se quiera, puede recobrar el aspecto tradicional. Entonces se deberá decir de noche (a partir del ocaso del día precedente, después de vísperas, hasta la mañana temprano antes de laudes), con una serie de himnos nocturnos. Si no, se puede colocar en cualquier hora del día (OGLH 58-59).

Tercia, Sexta, Nona, u Hora Intermedia: Se llama hora intermedia porque ocupa un lugar intermedio entre laudes y vísperas (OGLH 76-78).

La tradición ha puesto las tres horas en relación con las tres personas divinas, con la triple oración de Daniel, de los hebreos, de los apóstoles y de los primeros cristianos. Sin embargo, tienen también un significado particular en relación con la historia de la salvación (OGLH 75).

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Tercia: recuerda principalmente la venida del Espíritu Santo y la crucifixión de Cristo.

Sexta: evoca la oración de Pedro en casa del curtidor, la agonía de Cristo y su ascensión al cielo.

Nona: trae a la memoria la oración de Pedro y Juan en el templo, la curación del tullido, la sacudida de la tierra recordada por los evangelios y la muerte de Cristo.

Completas: Es la oración que se dice antes del descanso nocturno, aunque éste comience después de medianoche. Toda ella respira confianza en Dios. Tiene también un sentido penitencial. En efecto, al comienzo se pide perdón por todas las faltas de la jornada.

Como Simeón al final de su jornada terrena expresó la alegría y la gratitud a Dios por haber encontrado a Cristo, luz de salvación, así la iglesia es feliz por alabar a Dios a causa de los encuentros con Cristo y su experiencia de redención tenidos a lo largo del curso del día.

Preparado por P. Jorge Nelson Mariñez Tapia
Fuente: V. Raffa, NDL


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