La Misericordia En San Francisco De Asís Según Sus Escritos

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La Misericordia aparece en el escrito más emblemático y personal de Francisco, en las primeras líneas de su Testamento:

«1El Señor de esta manera me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecado, me parecía extremadamente amargo al ver los leprosos.
»2Y el Señor mismo me condujo entre ellos e hice misericordia con ellos.
»3Y apartándome de ellos, aquello que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco y salí del siglo».

La Misericordia se encuentre entre las palabras utilizadas por Francisco para recordar su conversión. Francisco habla de misericordia cuando hace memoria de su historia personal e interpreta su experiencia religiosa.

La importancia de este texto se debe al carácter autobiográfico del Testamento y a que en éste Francisco sintetiza, concreta y aclara su opción religiosa contenida en la Regla, de tal manera que se presenta como el escrito fundamental para entender su experiencia religiosa.

El texto se encuentra en la primera parte del Testamento (1-14), la de los recuerdos personales o histórico-narrativa, en la cual Francisco vuelve sobre sí mismo, constituida por una serie de proposiciones introducidas por la fórmula «el Señor me dio» (1.4.6.14).
La frase: Y el Señor mismo me condujo entre ellos (los leprosos) e hice misericordia con ellos (los leprosos), no sólo se halla gráficamente en el centro del pasaje, sino que además es la idea central, porque en ella confluyen los paralelismos y las antítesis del texto y por ella adquieren sentido.

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En el «antes» Francisco se encontraba en «estado de pecados», en ruptura con Dios, con los hombres y consigo mismo; Francisco estaba de espaldas a Dios y a los hombres. Este estado le provocaba a Francisco una extrema amargura cuando veía a los leprosos, es decir, una percepción («me parecía»), un juicio y una valoración sobre los leprosos que él mismo califica de «amargo». Esta percepción repugnante, desagradable, despreciable, fastidiosa, dolorosa y penosa de Francisco ante los leprosos, se puede interpretar como que Francisco despreciaba y rechazaba a los leprosos, no los consideraba semejantes suyos, ni mucho menos prójimos suyos dignos de ser amados.

Los leprosos eran vistos como aquellos que sufrían un castigo divino por sus pecados y como aquellos que eran peligrosos por su enfermedad contagiosa, de ahí que fuesen considerados «muertos en vida» y se les tratase como tales. Por ello, los leprosos eran marginados y excluidos de la sociedad hasta físicamente, siendo recluidos en lugares fuera de los centros urbanos, en las leproserías; padeciendo no sólo las consecuencias naturales de la enfermedad (dolor físico, etc.), sino también la miseria, la pobreza y la indefensión jurídica. Los leprosos eran considerados y tratados como «no personas», como seres no pertenecientes a la sociedad y carentes de derechos. Aunque existían personas e instituciones que atendían y servían a los leprosos en los lazaretos.

Con estos hombres enfermos y marginados, Francisco hace misericordia. Este «hacer misericordia» significa que Francisco sirve a los leprosos atendiéndolos y cuidándolos en sus necesidades. Francisco no espera a que vayan a pedirle ayuda los más necesitados y desdichados de su sociedad, sino que sale a su encuentro para ayudarles con la palabra, con el consuelo, con la ayuda material y participando de su sufrimiento e infelicidad, es decir, solidarizándose con ellos al vivir junto a ellos.

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Francisco, por el ejercicio de la misericordia, adquiere un nuevo sentido (una nueva visión) del «otro», del leproso y de la miseria humana; así, considera a los leprosos como dignos de ser amados y los trata como hermanos y no como extraños repugnantes, este es el significado de dulzura. La oposición entre amargo y dulzura indica el cambio radical en Francisco.

Francisco identifica su estado de pecado con el sentimiento de amargura y la figura de los leprosos. La penitencia será el medio a través del cual él tome conciencia de su situación de pecado y se sensibilice ante la condición de los leprosos, y así cambie sus relaciones con Dios y con los leprosos. Los leprosos son para Francisco el lugar de encuentro con Dios, consigo mismo y con la realidad de la miseria humana; para él los leprosos equivalen a un verdadero sacramento de Dios y del hombre en este mundo.

Francisco tras convivir con los leprosos sirviéndolos, se detuvo en reflexionar (después me detuve un poco) y cambió de vida (y salí del siglo). Un cambio de óptica y de comportamiento con el cual Francisco abandona tajantemente los valores y la lógica corrientes en su tiempo. La alteración de valores ante los leprosos significaba más que una transformación espiritual, pues se trataba de una opción de vida social, de un cambio de «estado social», que comportaba situarse al margen de la sociedad, junto con aquellos que eran excluidos por ésta, los leprosos, ayudándolos y participando de su sufrimiento y de su desdicha. Una opción social consistente en pasar de una posición legalmente precisa, la de mercader, a la condición de aquellos que carecían de un «status» regularmente reconocido, y que, por lo tanto, eran los no «protegidos», los indefensos de la autoridad.

Su conversión y su servicio a los leprosos son don gratuito del Señor, pura gracia, y, a la vez, acogida, o sea respuesta de Francisco. La misericordia de Dios mueve a Francisco a «hacer misericordia», él le da todo lo que es y hace.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.
Fuente:  Miguel Ángel Lavilla Martín, OFM.


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