Los Ejes Centrales de la Carta del Conferencia Episcopado Dominicano sobre La Mujer en la Sociedad Dominicana (21 de Enero del 2017).

El deterioro familiar ha incrementado el liderazgo exclusivamente femenino en los hogares. Nuestro país, en el marco latinoamericano y caribeño, posee uno de los más altos niveles en disolución marital. El concepto “hombre proveedor” desvanece. Ella asume tareas de proveer y cuidar, realidad que exige trabajos informales para garantizar flexibilidad de horario; las estadísticas muestran mejorías en las viviendas que estas mujeres lideran.

Notamos que una espiral de violencia invade los espacios de la sociedad dominicana. Dicha violencia alcanza diversos escenarios, entre ellos: el intrafamiliar; el laboral; el vinculado a un contexto social y cultural, donde se somete a la mujer por el hecho de serlo; de conflictos de relaciones de parejas y exparejas.

Aunque las mujeres pobres son las más afectadas, la violencia contra ellas se registra en diversos estratos sociales. La violencia en la familia es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básica.

El Papa Francisco nos pone en alerta sobre esta corriente ideológica: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo». Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños”.

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Y en lo que tiene que ver con el aborto que a ningún católico le quepa la menor duda de que éste es uno de los peores crímenes de la humanidad, como bien lo enfatiza el Papa Francisco: “El aborto no es un mal menor: es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto”.

Pero el aborto no sólo es un asunto de moralidad: “El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra (en el mejor de los casos) o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer.

En esta sociedad marcada por el afán del dinero se instrumentaliza todo. También a la mujer dominicana se quiere instrumentalizar y usar como a un bien de consumo. Muchas veces tanto ella como el fruto sagrado de su vientre son vistos como un objeto desechable. Constantemente el Papa Francisco nos hace referencia sobre esta mentalidad del descarte: “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de exclusión y la desigualdad.

La persona humana es criatura de Dios, a su imagen y semejanza (Gn 1,27)20. La creación del serhumano ha sido “como hombre” y “como mujer”21 (cf.: Is 49,14-15; 66,13). El libro del Génesis, en el capítulo 2, presenta a la mujer desde la esencia del hombre, “huesos de mis huesos” (Gn 2,23).

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Ambos renuncian a algo para unirse. En esa renuncia recíproca crecen en su dignidad primaria, determinada por el nivel de relación personal con Dios, y entre ellos; de ese modo son humanidad.  “Humanidad” significa llamada a la comunión interpersonal. Se logra cuando la persona no se busca a sí misma, sino que se dona. Con todo, existe un conflicto entre el ser y el deber ser, llamado “pecado original”.

Los fundamentos de la relación hombre y mujer apuntando hacia la esfera matrimonial se iluminan en Efesios 5,21-33: “Sean sumisos unos a los otros en el temor de Cristo”. Esta sumisión recíproca supera la injusta discriminación, tradicional, hacia la mujer. Aunque adelante, el texto dirá que el hombre es cabeza de la mujer, ha de entenderse, de igual manera, en alusión a Cristo, pues ser “cabeza”, en este sentido, le indica al hombre que ha de entregarse a sí mismo por su mujer (Ef 5,25).

Cuando el hombre ofende la dignidad de la mujer actúa no sólo contra él mismo, sino contra Dios. Los fundamentos de la relación hombre y mujer apuntando hacia la esfera matrimonial se iluminan en Efesios 5,21-33: “Sean sumisos unos a los otros en el temor de Cristo”. Esta sumisión recíproca supera la injusta discriminación, tradicional, hacia la mujer. Aunque adelante, el texto dirá que el hombre es cabeza de la mujer, ha de entenderse, de igual manera, en alusión a Cristo, pues ser “cabeza”, en este sentido, le indica al hombre que ha de entregarse a sí mismo por su mujer (Ef 5,25).

El Santo Padre Francisco ilumina este pronunciamiento cuando afirma que “la mujer tiene especial sensibilidad por las cosas de Dios”. Existen evidencias femeninas en defensa de la vida frágil: cuando el contexto hegemónico demanda muertes infantiles, ella “envuelve la vida entre juncos”, depositándola en área de rescate (Ex 2,3.6). Cuando el poder opresor llama a asesinar inocentes, ella inventa alternativas para protegerlos, porque reverencia la divinidad palpitando entre sus manos. Lo testimonian las parteras Sifrá y Puá (Ex 1,17).

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El Espíritu de Dios la capacita como “profetisa”. El término “profetisa”, del hebreo nebiah, significa “mujer de Dios”, “vocera de Dios”. El Magníficat (Lc 1,46-55) es un canto profético. Nace cuando María se siente mirada por Dios. Ofrece criterios para una transformación que recupere la dignidad humana. Además de profetisa, ella es sabia. La sabiduría, en la Sagrada Escritura, tiene rostro de mujer (Pr 3,15). Dios creó la sabiduría antes de cualquier otra criatura (Pr 8,22-31), para que le asista y acompañe: “Allí estaba yo”, “junto a él”, “como aprendiz” (Pr 8,27.30).

Con el Pontificado del Santo Padre Francisco se ha impulsado la directriz más carente, la participación de la mujer. Su perfil mariano ha influenciado en la manera de enten￾der y de ser Iglesia. Él considera que ninguna otra criatura ha visto brillar sobre ella el rostro de Dios como María, que dio un rostro humano al Verbo eterno, para que todos lo puedan contemplar. Para él son inseparables Cristo, su Madre y la Iglesia.

Preparado Por P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuente: Conferencia del Episcopado Dominicano (La Mujer en la Sociedad Dominicana 21 Enero del 2017).


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