Solemnidad De La Anunciación Del Señor (Encarnación).

download-1

La fiesta de la Anunciación del Señor tiene su propio significado original. Guarda una estrecha relación con la fiesta de Navidad.  La anunciación se inscribe bajo el signo del realismo de la encarnación y en la dimensión de la historia de la salvación. No es un elemento de devoción o una reflexión teológica sobre el depósito de la revelación. Es ante todo y sustancialmente un acontecimiento y como tal tiene que destacarse sobre las demás celebraciones.

Dice que el Verbo se ha hecho carne y plantó su tienda entre los hombres (cf Jn 1,14); que quiso mostrarse en la fragilidad de la desnudez y del rebajamiento (Flp 2,5-8). La visita del Señor a su pueblo había sido anunciada de antemano con insistencia; no había dudas sobre su venida.

Seguía siendo un misterio el modo en que aparecería el Señor. Y aquí es donde se manifestó la novedad. No pasó por entre los hombres, sino que se detuvo; no se dirigió a los hombres desde fuera, sino que se hizo humanidad y lo asumió todo desde dentro.

download.jpg

Un Dios de los hombres, que habla y actúa en el corazón mismo de la experiencia humana. En nuestro momento histórico, en que se parte cada vez más del hombre, de su descubrimiento, de su significado, de su centralidad, el acontecimiento de la encarnación es un hecho de extraordinaria actualidad. Es la propuesta de Dios que abre a la historia humana dimensiones infinitas. La finitud humana sigue estando siempre disponible a ser signo, incluso de la presencia personal de Dios.

Dios se ha hecho hombre y hay que buscarlo por tanto en la realidad de los hombres. La historia de la salvación está dominada y caracterizada por una opción desconcertante de Dios: la encarnación. Todo el misterio cristiano está bajo el signo del Dios-hombre.

Por eso la solemnidad litúrgica de la Anunciación del Señor no es solamente el comienzo, sino la clave de lectura y de comprensión de todo lo que viene después.

La exaltación de Jesús, que hace de él el Señor para siempre, no tiene que atenuar nunca el misterio del hombre Jesús, ya que “cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para que… recibiésemos la adopción de hijos” (Gál 4,4-5).

Anunciación.JPG
Parece ser que no existe ninguna mención cierta de una celebración del día de la Anunciación hasta el X concilio de Toledo (año 656). Este concilio no habla tampoco de modo explícito de una fiesta de la Anunciación; constata que la madre del Verbo no tiene todavía una fiesta que se celebre en todas partes el mismo día.

Entre estas fechas está la del 25 de marzo, pero hay también otras, por ejemplo durante el adviento. Parece ser que se encontraban frente a una fiesta de la maternidad virginal, vinculada estrechamente bien con la concepción de Jesús (25 de marzo), bien con su nacimiento (tiempo de adviento).

Es probable que ya en el s. IV, en Palestina, hubiera una fiesta en la que se celebrase la encarnación y consiguientemente la anunciación. Efectivamente, se sabe que santa Elena edificó una gran basílica sobre el lugar donde la tradición situaba la casa y la gruta de la Virgen. Pues bien, en cada basílica se conmemoraba el misterio correspondiente.

Prescindiendo de su correlación con el día de Navidad, el 25 de marzo es el equinoccio de primavera. Desde los tiempos de Tertuliano había tradiciones que recordaban esta fecha como la de la creación del mundo y de la concepción de Cristo. Posteriormente se añadió también a ello la conmemoración de la muerte de Cristo. A ello parece aludir igualmente san Agustín.

Pentecostes de la Virgen María.JPG
Calculando sobre la simbología de los números, dice que la gestación perfecta comprendería el período exacto de nueve meses y seis días. Esto es lo que se pudo verificar para la perfección del cuerpo de Cristo. La gran variedad de’ fechas va ligada a la concepción del año litúrgico y eclesiástico. En oriente no había una idea muy rígida en este sentido; por ello las fiestas de los santos y las de la Virgen estaban esparcidas a lo largo de todo el año.

Calculando sobre la simbología de los números, dice que la gestación perfecta comprendería el período exacto de nueve meses y seis días. Esto es lo que se pudo verificar para la perfección del cuerpo de Cristo. La gran variedad de’ fechas va ligada a la concepción del año litúrgico y eclesiástico. En oriente no había una idea muy rígida en este sentido; por ello las fiestas de los santos y las de la Virgen estaban esparcidas a lo largo de todo el año.

Es verdad que en los pintores del Renacimiento, como en el veneciano Pennacchi, vemos a María reclinada sobre silla de oro, vestida de seda y de brocado, en estancia lujosa a cuyo fondo se desvanece una perspectiva urbana de pináculo y perros fugitivos. Gabriel, en estos cuadros, despliega la gloria de sus alas, llenando la estancia mientras están frescas las azucenas del búcaro, que —como en casi todas las catedrales españolas—, son el símbolo de la pureza de María y el recuerdo cristiano de este momento. Gabriel abre su mensaje, sobre la filacteria, donde caracteres aún góticos dejan ante nuestros ojos las palabras mágicas: “Ave María, gratia plena…”.

 

En las catacumbas de Priscila, de principios del siglo II, está la más antigua imagen de María. Pero en tal estado que apenas si se advierte la figura de María sentada, con el Niño en brazos, morena la piel, las líneas suaves y las cejas pobladas.

En las mismas catacumbas está también la primitiva representación del gran momento. Y censurada por San Juan Crisóstomo, a quien no gustaba que el ángel fuese sustituido por un joven, porque tal restaba sobrenaturalidad a la escena. Un curioso libro del padre Interiam de Ayala, publicado en 1730, señala otros errores, como el herético de Valentino, en el que un cuerpecillo baja al seno de María en el raudal de luz celeste, y critica los fondos de palacios suntuosos, las vestiduras sacerdotales o la avanzada edad del ángel, así como la falta de equilibrio religioso o de dignidades en la escena.

María tenía su corazón lleno de la esperanza del Mesías. Había decidido consagrarse a la oración. Dar a Dios su virginidad total a cambio de que Yahveh apresurase el envío del que habría de redimir a los hombres.

 

María, que nace limpia de pecado, elegida ya desde siempre por la voluntad del Padre, está siendo cultivada por Dios mismo en esta ansia de ser mediadora, de ser holocausto, de ser tierra madre donde la semilla de Dios ha de germinar, para que crezca Jesús-Arbol, a cuya sombra el mundo tendrá sentido y la Redención pesará sobre sus secas ramas en forma de cruz. Dios mismo es quien hace nacer en el corazón de María la decisión de consagrarse. De ser santa, tabernáculo, primera custodia que mostrará a los hombres la redondez blanca de Cristo.

El antiguo Misal Gelasiano y el Gregoriano tienen la fiesta de la Anunciación el 25 de marzo, lo mismo que en oriente. En la liturgia de las témporas de adviento se recuerda la anunciación. Y se introduce tardíamente, el 18 de diciembre, una festividad denominada “Expectatio partus”. En estos últimos siglos se llega a una homogeneidad en la fecha de la Anunciación, el 25 de marzo.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.
Fuentes: G. Mori/ José María Pèrez Lozano/ Biblioteca Católica Digital (Mercaba).


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s