¿Ordenación o Consagración Episcopal?

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Al elegir un presbítero para presidir una diócesis, es necesario “transformarlo” en obispo. ¿cómo debemos llamar a esa transformación: “ordenación episcopal” o “consagración episcopal”?

José Aldazábal, liturgista español, dice que consagrar “[…] significa hacer sagrada una cosa, una persona o un edificio, o sea, destinarlos a un uso o sentido sagrado”.

Puede llamársele consagración al bautismo, a la profesión religiosa, a la transformación del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, a la dedicación de un templo, a la ordenación de diáconos, presbíteros u obispos, etc.

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En sí mismo, el término “consagración” no es incorrecto, pero sí es demasiado genérico: de ninguna manera alude a la especificidad del acto que transforma a un presbítero en Obispo. En cambio, el término “ordenación” es mucho más preciso.

De ahí que cuando en la Iglesia antigua se hablaba del Ordo paenitentium, se hacía referencia al grupo de los estaban haciendo penitencia.

Esa misma raíz latina es la que dio origen al término español “orden”, que a lo largo de la historia tomó el sentido de grupo o categoría.

Esta palabra poco a poco adquirió un sentido técnico. De modo que el “Sacramento del Orden” es aquel que integra a un varón cristiano en el grupo de los diáconos, de los presbíteros o de los obispos; todos ellos dentro y al servicio del Misterio de la Iglesia.

Debemos entender que la palabra “ordenación” es mucho más precisa. Designa el acto sacramental que integra a un bautizado en un “orden” o grupo determinado. De forma más específica, la “ordenación episcopal” es la integración de un presbítero al Orden de los Obispos, también llamado “Colegio Episcopal”.

 

 

 

“El Señor Jesús […] formó una especie de Colegio o grupo estable […] para que participando de su potestad, hicieran a todos los pueblos sus discípulos, los santificaran y los gobernaran […]” (L.G. 19); es decir, les dio una capacidad de servicio que debemos entender desde de lo que denominamos como “eclesiología eucarística”. El Colegio Apostólico fue creado porque la Iglesia es parte esencial del plan de salvación, y era necesario que contara con una estructura que le permitiera seguir desempeñando su servicio con la mirada puesta en Jesucristo, Cabeza (L.G. 8).

La gracia sacramental que confiere la ordenación episcopal está esencialmente unida a la integración en el Orden de los Obispos. Así lo explica el numeral 21 de la Lumen Gentium, concluyendo que: “Es propio de los obispos asumir a los nuevos elegidos hacia el cuerpo episcopal por medio del sacramento del Orden”. De hecho, la preposición “hacia” (traducción al español del latín “in” -con acusativo y no con ablativo-) muestra que es por esa recepción en el grupo episcopal que un presbítero es transformado en Obispo.

En el sentido más estricto, no se puede afirmar que un Obispo recién ordenado sea el sucesor de quien le precedió cronológicamente. Debemos ser precisos: el recién ordenado ejerce el mismo ministerio de sucesión apostólica que quienes lo precedieron, no sólo porque a través ellos lo haya recibido, sino, esencialmente, porque -al igual que ellos- fue integrado al Colegio que prolonga en el tiempo el ministerio del Colegio Apostólico, para ser garante de la fe recibida.

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El nuevo Obispo es sucesor de los Apóstoles, pero no de uno en particular; es sucesor en el ministerio que ellos ejercieron fontalmente y que ahora es continuado por el episcopado. De ahí que su ministerio se constituye en punto de comunión entre la universalidad de la Iglesia y la localidad de la comunidad para cuyo pastoreo es ordenado.

Por eso es mucho más preciso y adecuado hablar de “ordenación episcopal”. Con esta expresión decimos que un presbítero es acogido por un grupo de Obispos para que -como ellos y con ellos- prolongue en un territorio determinado el ministerio de gobierno, santificación y enseñanza que en otro tiempo ejercieron los Apóstoles. De modo que sea siempre el mismo Espíritu quien continúe guiando a la Iglesia.

Preparado por P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.
Fuente: Pbro. Manuel Rojas Picado. (Eco Catolico).

 


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