Fiesta de Santa María, Virgen y Reina.

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Escribir una leyenda

“Un Niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre Príncipe de la paz” Isaías 9,1.

Con la promulgación de la Encíclica “Ad coeli Reginam”, el 11 de octubre de1954, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta Litúrgica de María Reina y con ese motivo coronó la imagen de la Virgen Salus Populi Romani en la Basílica de Santa María la Mayor, en la que el mismo Pontífice había celebrado su primera misa.

“Al Reino del Hijo está plenamente unido el Reino de su Madre, que no son de este mundo. Pero están enraizados en la historia de toda la raza humana, por el hecho de que el Hijo de Dios, de la misma sustancia que el Padre, se hizo hombre por el poder del Espíritu Santo en el vientre de María.

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Y ese reino está definitivamente enraizado en la historia humana a través de la Cruz, al pie de la cual estaba la Madre de Dios como corredentora. En la Cruz y Maria al pie de su hijo, se funda y permanece su Reino. Todas la comunidades humanas experimentan el reino maternal de María, que les trae más de cerca el reino de Cristo.”

El pueblo cristiano le ha dado a María el título de Reina desde los primeros siglos como refrendo de su preeminencia y de su poder que recibe del Todopoderoso, su Hijo, Jesucristo, por ser la Madre de Dios hecho hombre, El Mesías, El Rey universal (Col 1,16).

Basta recordar la antiquísima Antífona “Regina coeli” y la menos antigua, pero tan tradicional, la Letanía Lauretana, en la que el pueblo cristiano, la suplica como Reina de los Angeles, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires… Reina de Todos los Santos.

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Ya Santa Isabel, su prima, movida por el Espíritu Santo, hizo reverencia a María, no considerándose digna de la visita de la “Madre de mi Señor” (Lc 1,43).

Ha escrito el Papa Juan Pablo II, que “María es Reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque cooperó en la obra de la redención del género humano. Asunta al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo”. Ella participa en la obra de salvación de su Hijo con su “SI” al que siempre se mantuvo fiel, siendo capaz de estar al pie de la cruz (Jn 19,25).

María Santísima es Reina de todo lo creado. María Santísima es Reina de todos. Reinando con su hijo, coopera con El para la liberación del hombre del pecado.

María es Reina de todos porque es el miembro excelentísimo de la Iglesia, por su misión y santidad está más cercana a Dios, y a sus hijos los hombres. Y su misión es única pues sólo ella es Madre del Salvador.

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Dios ha constituido a Maria como Reina del cielos y tierra, exaltada sobre todos los coros de ángeles y todos los santos. Estando a la diestra de su Hijo, ella suplica por nosotros con corazón de Madre, y lo que busca, lo encuentra, lo que pide, lo recibe.

Y es Reina también, por las palabras de Dios dichas a la serpiente: “pongo enemistad ente ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuanto tu hieras su talón.” (Gén 3,15). Es decir, Reina por victoria sobre la serpiente y el pecado, la llena de gracia..Con razón dice San Germán: “Su honor y dignidad sobrepasan todo la creación ; los ángeles están en segundo lugar ante tu preeminencia.” Su mismo poder Real la autoriza a distribuir los frutos de la redención.

La Virgen María no solo ha tenido el más alto nivel de excelencia y perfección después de Cristo, sino que también participa del poder que su Hijo Redentor ejerce sobre las voluntades y sobre las inteligencias.

El reino de María es el de su Hijo, que no es de este mundo, ni se manifiesta con las características del mundo. María tiene todo el poder como reina de cielos y tierra y a la vez, la ternura de ser Madre de Dios. En la tierra ella fue siempre humilde, la sierva del Señor y estuvo enteramente dedicada a su Hijo y a su obra.

El reino de María es el mismo de su Hijo. Donde Jesús reina, María, su Madre reina también. Sus dos corazones están eternamente unidos en el amor divino. Lejos de quitarle el reino a su Hijo, lo propicia. Ella es la más sumisa, la mas fiel en el Reino y por eso también la más exaltada. “Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Luc1,48).

 P. Jorge Nelson Mariñez Tapia
Fuentes: Jesús Marti Ballester/Biblioteca Católica Digital (Mercaba).


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