La Vulgata

Biblia de Lutero (1534)
La versión latina de la Biblia realizada por san Jerónimo por encargo del papa Dámaso a finales del siglo IV recibe el nombre de Vulgata, es decir, divulgada, difundida entre el pueblo. Los libros protocanónicos del Antiguo Testamento fueron traducidos por san Jerónimo utilizando por primera vez directamente el texto hebreo.

La traducción de los protocanónicos no es el producto de una traducción puramente servil o literal, sino que deja asomar el esfuerzo del santo por traducir al latín el pensamiento expresado en hebreo por los escritores sagrados; al mismo tiempo es posible observar una cierta elegancia de estilo.

Para la traducción del Nuevo Testamento se utilizó como base un texto griego muy parecido al códice B (“Vaticano”) y la misma Vetus latina (.71).

El vocabulario de esta última sólo se cambió cuando lo requería el sentido, pero muchas veces no se hizo más que retocarlo tan sólo para obtener una mayor elegancia de estilo.

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Con el correr de los años la Vulgata se vio sujeta a alteraciones (sustituciones de vocablos difíciles por vocablos fáciles, interpolaciones y correcciones, etc.); por eso, en el período del concilio de Trento había una gran variedad de recensiones de la Vulgata.

Todas estas numerosas recensiones tenían la pretensión de ser el texto genuino de la Vulgata, que en realidad no se poseía ya por aquellas fechas.

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En 1546 el concilio de Trento declaró la Vulgata “auténtica», es decir, que podía usarse como texto normativo de referencia con preferencia a otras versiones latinas, y promovió una edición oficial de la misma para el uso común.

Varios papas nombraron comisiones para la revisión de la Vulgata, hasta llegar a la edición de 1590 de Sixto V que volvió a revisarse en el pontificado de Clemente VIII. La edición sixto-clementina del 1592 fue el texto oficial de la Biblia en la Iglesia católica.

El texto de la Vulgata que presentó en sus tiempos Jerónimo; en consecuencia, por diversos motivos, no llega todavía a realizarse plenamente el deseo del concilio de Trento, que quería una edición totalmente correcta.

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Solamente en el Génesis se encontraron unas mil diferencias, relativas casi todas ellas al vocabulario y al estilo; tan sólo algunas afectaba más o menos al sentido.

Pío X, en 1907 confió a los benedictinos la tarea de preparar una edición crítica de la Vulgata, en la abadía de san Jerónimo de Roma. En los años 1965-1978 una comisión pontificia nombrada para ello realizó la revisión del texto de la Vulgata, para ponerlo de acuerdo con el sentido de los textos bíblicos originales, donde las investigaciones críticas modernas habían demostrado su disconformidad. El fruto de este trabajo de la comisión ha sido la publicación de la Neo-Vulgata.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.
Fuentes: R. Chiarazzo/ Biblioteca Católica Digital (Mercaba).


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