Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo en el Ciclo A.

 

XTo, Melquisedec

Hoy finalizamos el año litúrgico. Por eso hoy celebramos la fiesta de Jesucristo, nuestro Rey y Señor. Jesús es la síntesis de nuestra fe, es la manifestación plena del Reino de Dios hecho servicio a los hombres. Por eso, de alguna manera, hoy es el día en que seremos juzgados por la Palabra de Dios, pues deberemos confrontar nuestra vida con el testimonio de Cristo. Hoy seremos juzgados según la medida de nuestro amor servicial al prójimo. Celebremos la fiesta de Cristo Rey y miremos nuestra vida desde este gran espejo de nuestra fe: Jesús que da su vida por la salvación de todos.

Durante todo el año hemos seguido el evangelio de san Mateo. Hoy es el último domingo: y también su lectura es como el resumen de toda su Buena Noticia: Cristo como Juez Universal, y el amor al hermano como tema de la confrontación de cada hombre con Él. El amor es, pues, el resumen de todo el Evangelio.

Cada año es diferente la perspectiva en la que se presenta este misterio de la realeza de Xto.  El profeta Ezequiel anuncia que el mismo Dios se va a preocupar de su pueblo: como pastor, guía, médico, juez, liberador, reunificador… Es el aspecto que recoge el salmo responsorial, cantando a Dios como nuestro mejor pastor.

La realeza de Cristo se completa con otras imágenes que nos ayudan a entenderla mejor: el Dios de Ezequiel va a curar, guiar, alimentar, librar de peligros a sus ovejas, y también las juzgará, las separará unas de otras y las reunificará. Cristo aparece como el que vendrá como Juez, separando a los buenos de los malos al final de los tiempos, concluyendo el ciclo de toda la historia. Le llamamos Señor, Juez, Maestro, Rey, Salvador, Mesías. Son títulos que convergen en una riquísima Persona, la de Cristo, que es la clave para interpretar y vivir la existencia de todo hombre y de todo el cosmos.

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La palabra “amor” no sale en el evangelio de hoy: se traduce en unas actitudes que son mucho más concretas. Las famosas “obras de misericordia”, que pueden tener un nombre antiguo, pero que siguen teniendo actualidad muy viva, y que además, sorprendentemente, coinciden con los programas de muchas instituciones, partidos y movimientos de nuestra sociedad: el ayudar a los débiles, el apoyar a los marginados.

Celebrar a Cristo Rey, hoy, nos dice la Iglesia, es volver a ver y ponernos a escuchar a Jesús de Nazaret, pobre hombre entre los hombres, sencillo maestro de la humanidad, que ha hecho con el material de su propia vida el modelo regio para todo hombre que pisa este mundo.

La imagen del Buen Pastor es la imagen que la liturgia nos presenta hoy en el profeta Ezequiel y en el Evangelio de Mateo como objeto de oración y ocasión de compromiso cristiano. Cristo como Pastor que no domina, sino apacienta, que no se enseñorea, sino que busca y cuida a sus ovejas; que cura a las enfermas y venda a las heridas; que libera de todas las esclavitudes e ilumina todas las oscuridades; un Pastor, el descrito por Ezequiel, que a nadie pone a su servicio, sino que a todos sirve para que todos vivamos sometidos por amor a nuestro Padre común.

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En la primera Lectura, Jeremías, profeta contemporáneo aunque un poco mayor que Ezequiel, tiene un relato muy parecido a éste (Jr 23. 1-8). El Señor en persona va a sustituir a los pastores humanos que han fracasado estrepitosamente en su misión de pastorear. La grey (=Israel) anda errante desde el año 587 a. de C, desde la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor; pero el Señor no les abandona en el peligro, sino que los libera, los reúne y los reconduce a unos buenos pastos (=Nuevo Éxodo), los pastorea, les venda las heridas, cura a las ovejas enfermas.

La misión de nuestros pastores (obispos, pastores…) es orientar, encarrilar, curar, vendar…, apacentar. Pero ¿apacientan o se apacientan? “¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana, matáis las más gordas…”

El pastor futuro ha de ser semejante a Yahvé; será un pastor que llevará el nombre de David (puesto muchas veces como modelo en la Escritura). Todo eso será realidad en la persona de Cristo, el buen pastor (Jn 10; Lc 1,32). Bajo su guía habrá un cumplimiento perfecto del pacto entre Dios y los hombres (25ss), el pueblo practicará el verdadero culto al único Dios, y éste les llenará de bienes. Todo eso llegará a plena realidad en la escatología.

El que tiene la misión de pastor, en este tiempo intermedio, aprende de Cristo, buen pastor: no sólo no aprovecharse de las ovejas, ni descuidar especialmente las más débiles, ni desentenderse de las perdidas, sino también guiarlas con prudencia, sacrificarse por ellas, sentirlas como propias, dar incluso la vida por ellas (Jn 10, 11ss).

Padre de la Misericordia

En el Salmo, El salmo 22, uno de los más bellos de todo el salterio comienza con una afirmación atrevida: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Este creyente que se sabe guiado y acompañado por la mano firme y protectora del pastor, proclama con tranquila audacia su ausencia de ambiciones. Tiene todo lo que necesita: conducción, seguridad, alimento, defensa, escolta, techo donde habitar… Difícilmente anidarán en su corazón la agresividad, la envidia, la rivalidad, todas esas actitudes que amenazan siempre el convivir con los otros fraternalmente.

Este salmo del Huésped de Dios, para expresar una experiencia de intimidad con Dios. El tema del “Pastor” aparece constantemente, en la Biblia. El salmo 22 es la perla de los salmos. Su poesía y su piedad se dan la mano; su suavidad y su espiritualidad son insuperables” (Spurgeon). Innumerables son los elogios que este pequeño salmo ha recibido en sus tres mil años de historia. Se puede afirmar, como dice su título, que el salmo proviene del mismo David, uno de los más grandes genios de la poesía universal.

San Gregorio Nisa escribe: “En el salmo, David invita a ser oveja cuyo Pastor sea Cristo, y que no te falte bien alguno a ti para quien el Buen Pastor se convierte a la vez en pasto, en agua de reposo, en  alimento, en tregua en la fatiga, en camino y guía, distribuyendo sus gracias según tus  necesidades. Así enseña a la Iglesia que cada uno debe hacerse oveja de este Buen  Pastor que conduce, mediante la catequesis de salvación, a los prados y a las fuentes de la  sagrada doctrina” (GREGORIO DE NISA. PG 46 692).

Cristo en la Gloria

San Cirilo de Alejandría dice de este salmo que es  “el canto de los paganos convertidos, transformados en discípulos de Dios, que  alimentados y reanimados espiritualmente, expresan a coro su reconocimiento por el  alimento salvador y aclaman al Pastor, pues han tenido por guía no un santo como Israel  tuvo a Moisés, sino al Príncipe de los pastores y al Señor de toda doctrina en quien están  todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (CIRILO DE ALEJANDRÍA, PG 69, 840).

La Segunda Lectura de Pablo ve en la Resurrección de Cristo la victoria sobre el pecado que domina a los hombres desde Adán en adelante. No es igual la Resurrección que el pecado, igual que Cristo no es igual que Adán. Es mucho más, como dice en Rm 5. Pero esa victoria se va completando en cada hombre y en cada generación hasta llegar al final, en que ese influjo abarca a toda la humanidad.

La afirmación de la resurrección de Cristo que preside esta lectura es el fundamento de su reinado universal y también de la resurrección de “todos los cristianos”. En Cristo resucitado tenemos ya las primicias de la gran cosecha que esperamos; en él comienza la resurrección de los muertos y la vida eterna. Si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos (/Rm/08/11; 1 Tes 4,14).

Si el primer hombre, Adán, fue el comienzo de una historia abocada a la muerte, el segundo Adán, Jesucristo, es el principio de la nueva vida y de otra historia en la que será vencido el último enemigo, que es la muerte (cfr. vv. 45-49; /Rm/05/12s).

Detalle Trasfiguración

Sobre el Evangelio estamos ante la última enseñanza de Jesús según el evangelio de Mateo. Su lenguaje es sobre todo profético, aunque en algún momento se acerca a la parábola y a la alegoría. Estas últimas palabras del Maestro nos describen la venida del Hijo del Hombre en gloria y poder para el juicio; cuando se ha sentado en el trono y se dispone a juzgar es llamado Rey: los que son juzgados le llaman Señor y, al hablar de “mi Padre”, se nos muestra también como el Hijo: los títulos que la Iglesia primitiva da a Cristo resucitado, como expresión de su fe, se han concentrado aquí en pocas líneas.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: Ssntos Benetti, (Cruzar La Frontera. Ciclo A)/ J. Aldazabal./ Dabar/ D. Ortega Gazo/ Gil Modrego/J.Pedro / Noel Quesson.

 


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