I Domingo de Adviento. Ciclo B. “Mirad y Velad”.

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Al leer los textos litúrgicos de este domingo no podemos olvidar que hoy comienza el año litúrgico. Tiempo de Adviento en el que celebramos la venida de Dios al hombre. Y, por otra parte, tiempo de lejanía de Dios y de increencia como todos podemos ver en nuestro entorno.

Comenzamos un tiempo de Gracia en la Iglesia: el Adviento, que como tiempo litúrgico, nos invita a una reflexión más serena y analítica que el “tiempo ordinario”. Se suma, además, un tiempo en el que nos preparamos también para despedir el año, y para muchos es tiempo de replanteos, evaluación y “balance” del año vivido.

El Adviento es tiempo de esperanza, pero de esperanza responsable y vigilante. Para el antiguo Israel la espera del Mesías significó una larga preparación, no siempre fiel, para sentir la necesidad de un Redentor, que fuera revelación plena y personal del amor de Dios.

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Para nosotros en la Iglesia, el Adviento significa la responsabilidad y la fidelidad ante el que ha venido como Redentor, pero que volverá un día para coronar en nosotros su obra de salvación en la eternidad.

El Adviento es una espera y una certidumbre. Es la espera de que el Dios vivo va a venir a nuestra vida. Es una certidumbre de que ha venido realmente. Es una llamada para que le abramos nuestras puertas.

El evangelio de este domingo empieza con un toque de atención sobre la vigilancia como actitud fundamental del cristiano: “Mirad, vigilad”. Y, según las palabras que el evangelista Marcos pone en labios de Jesús, la razón de esta necesidad de estar atentos y de vigilar es que “no sabéis cuándo es el momento”.

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Comenzamos a leer el Evangelio de Marcos y podemos decir que por el fin. El texto de hoy está sacado del discurso escatológico. Por eso digo que es comenzar por el fin. Y en ese discurso lo central es la venida del Hijo del Hombre.

Jesús es el centro del Evangelio de Marcos. Jesús es la última y definitiva postrimería del hombre y de la historia. Este es el fin que se nos da ya para empezar.

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El Adviento. Son cuatro semanas para abrirnos definitivamente a la Esperanza. La Esperanza se llama Jesús y es Dios con nosotros.

El Adviento significa “despertar”. Abrir los ojos para descubrir a ese Dios cercano, a ese Jesús que está en lo más íntimo de nosotros mismos, en la historia nuestra de cada día, por muy vulgar o muy dolorosa que sea. Aunque creamos que estamos completamente solos, él está con nosotros, vive con nosotros.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.
Fuentes: Biblioteca Catolica Digital (Mercaba)./ Martinez de Vadillo/ Otros Autores Liturgico.

 


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