La Ascensión del Señor (Origen, Lugar, Día) y La Finalidad de esta Solemnidad.

ncw43.jpg

Es más exacto hablar de la Ascensión como parte integrante de la celebración del Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Precisamente porque la íntima naturaleza de la Ascensión forma parte del Misterio Pascual del Señor. Es presentada en estos textos como el término de la vida terrena de Cristo y formando parte de su glorificación. Es el Señor glorioso que esperamos al final de los tiempos para el juicio definitivo y el reino sin fin.

El contenido de la fiesta se presta a un gran desarrollo histórico. En efecto, es objeto de nuestra fe y, como tal, encuentra su formulación en el Credo: «Resucitó al tercer día, según las Escrituras y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre». Se expresa de múltiples maneras en el arte, y se formula en los textos litúrgicos de la fiesta. Esta y otras manifestaciones son las que constituyen la historia de la fiesta.

Desde el siglo cuarto, por lo menos, los peregrinos sitúan el hecho en un determinado lugar sagrado. La tradición conserva el recuerdo de la Ascensión vinculado a un lugar teofánico. La celebración de la fiesta, según el relato de la peregrina Egeria -prescindiendo por el momento del día- tiene lugar inmediatamente después de sexta. Todo los cristianos suben al Monte de los Olivo, esto es, a la Eleona, de modo que ningún cristiano queda en la ciudad.

A este lugar del Monte de los Olivos donde se conmemoraba la subida del Salvador a los cielos el día de la Ascensión, Egeria le llama repetidas veces, Imbomón.

Ascension-del-Se--or-OK.jpg

La Iglesia Octogonal de la que después hablan los peregrinos y varios autores, fue construida por Poemia, noble dama emparentada con el emperador Teodosio. Egeria no conoció esta iglesia porque Poemia llegó a Jerusalén el año 394 y Egeria había emprendido el viaje de vuelta a la patria unos diez años antes.

Es conocido el texto de San Agustín, contenido en el sermón 118, donde afirma que las fiestas litúrgicas de la pasión del Señor, resurrección, ascensión y venida del Espíritu Santo, son celebradas por toda la tierra.

Con ello pretende remontar el origen de las fiestas a la institución de los apóstoles. Sin embargo parece cierto que en el siglo II la fiesta no es conocida. En esta época sólo se habla de Pascua y Pentecostés. Ni Orígenes, ni Tertuliano o san Cipriano hablan de la fiesta. San Paulino, en el siglo cuarto, sólo nombra entre las grandes fiestas, Navidad, Epifanía, Pascua y Pentecostés.

A mediados del siglo IV empiezan a salir testimonios de su existencia. San Juan Crisóstomo(+405), habla de ella como una fiesta universal. Otro tanto ocurre con Gregorio de Nisa. El escritor Sócrates, a principios del siglo V, narra que la fiesta es celebrada en un barrio de Constantinopla, con mucha concurrencia de pueblo.

ascension.jpg

Unico tiempo del año litúrgico primitivo era la cincuentena pascual, Pentecostés. Una institución de los tiempos apostólicos. Este tiempo no se entendía originariamente como los cincuenta días de después de Pascua, sino el espacio indiviso de cincuenta días.

Para nuestro propósito bastará citar aquí, únicamente, el testimonio más elocuente de los primeros siglos, Tertuliano: «Nosotros, empero, tal como lo tenemos por tradición, sólo el domingo de Resurreción nos abstenemos no sólo de arrodillarnos …Lo mismo también durante pentecostés, que se distingue por la misma solemnidad de alegría». Una cincuentena, pues, que toda ella formaba una única solemnidad, y que por consiguiente excluía la idea fragmentada de unas fiestas autónomas en su interior.

Eusebio de Cesarea; en su escrito Sobre la solemnidad pascual, alrededor del año 332, dice: «Después de Pascua celebramos Pentecostés en siete semanas llenas… Sin embargo, el número de Pentecostés no se para en estas semanas. Con él se designa el día solemnísimo de la Ascensión». Hay que admitir, pues, que la fiesta que pone el sello de clausura al tiempo pascual es la conmemoración de la subida de Jesús al cielo, sin excluir, por otra parte, la memoria de la efusión del Espíritu.

En un escrito apócrifo, de origen sirio, de principios del siglo cuarto, que suele llamarse Doctrina Apostolorum, en el canon 9 se lee: «Los apóstoles establecieron que al cumplirse los cincuenta días de la resurrección se hiciera conmemoración de la Ascensión hacia el Padre Glorioso». El propio Cabié encuentra indicios de esta práctica litúrgica en un antiguo leccionario siríaco oriental.

images-10.jpeg

El Diario del Itinerario de la peregrina Egeria. Curiosamente la peregrina relata la circunstancia de celebrar el día cuadragésimo en la iglesia de la Natividad. El hecho de no hacer ninguna mención al rito de la Ascensión da a entender que ésta no se celebraba.

Algunos textos, no obtante, como el apócrifo, Doctrina Apostolorum, incluyen en un mismo último domingo el don del Espíritu a los apóstoles. Para las iglesias de Palestina, en el siglo IV, Cabié concluye que celebraban la Ascensión el día cincuenta, sin que pueda excluirse la conmemoración del Espíritu.

En occidente, en algunos vestigios, como los de las homilías de Máximo de Turín, aparecen simultáneos los temas de la Ascensión y de la venida del Epíritu, dando a entender que son objeto de una misma celebración.

El punto culminante del misterio pascual para la mayoría sería la Ascensión, sin excluir que para otras el acento recaería en la glorificación del Señor.

De ciertas homilías de san Juan Crisóstomo y de Gregorio de Nisa, que tienen por objeto la Ascensión el día cuarenta, parece deducirse que a finales del siglo cuarto, en las Iglesias de Antioquía y de Nisa se abre camino una fiesta autónoma de la Ascensión.

El concilio de Elvira, cerca de Granada, a principios del siglo cuarto, y el de Nicea, a. 325, contienen expresiones que dan a entender un movimiento para individualizar los cuarenta días.

images-3.jpeg

El hecho de la autonomía de la fiesta de la Ascensión es un fenómeno que se va produciendo entre finales del siglo cuarto y el quinto. En esta época las Iglesias de Oriente, si exceptuamos Egipto, que permanece fiel a la tradición cincuentenaria, rápidamente se suman a la reciente práctica de la Iglesia antioquena. Es lógico suponer que san Juan Crisóstomo como patriarca de Constantinopla, el año 398.

Durante el siglo quinto la documentación no es unánime, para poder afirmar que las Iglesias de Oriente y Occidente celebran la Ascensión el día cuarenta. Con todo, los testimonios son suficientemente abundantes, para creer que la mayoría de Iglesias ya habían introducido esta práctica.

En todo caso la cosa es cierta para las iglesias de Brescia y Aquileia, alrededor del año 400, aunque no estemos en condiciones de afirmar que ésta sea la práctica de toda Italia. De hecho de alguna homilía de Ambrosio de Milán parece desprenderse, todavía, el concepto del antiguo pentecostés.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: Biblioteca Católica Digital (Mercaba)./ Joan Bellavista.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s