Las Rogativas y Las Témporas Hoy

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Al referirse al tiempo ordinario, no se puede prescindir de dos celebraciones del tiempo que actualmente no están ligadas a un determinado tiempo litúrgico.

Esta vieja celebración de las cuatro témporas y de las rogativas está ligada a las cuatro estaciones del año. Su finalidad era la de pedir la ->  bendición del Señor y darle gracias por los frutos de la tierra y el trabajo.

Se originaron en Roma y se difundieron al mismo tiempo que la liturgia romana, pues las encontramos en las más antiguas colecciones de textos litúrgicos. Primeramente fueron tres: en septiembre, diciembre y pentecostés (por tanto: otoño, invierno y verano).

Muy pronto se añadiría la cuarta en cuaresma (primavera). Se conocen varios sermones de san Leóni Magno para estos días, que eran ciertamente de ayuno y comprendían la eucaristía los miércoles y viernes, además de una vigilia el sábado, en la que también se celebraba la eucaristía.

El significado específico de cada una de las témporas variaba según el tiempo litúrgico en que tenían lugar. Es importante este aspecto para no caer en la tentación de ver en estas celebraciones simples concesiones a cultos naturalistas precristianos.

Desde luego, no deben ser más antiguas que el papa Siricio (384-399), a quien se atribuye su institución. Hipólito de Roma (ss. II-III) las desconoce aún. Lo que sí es evidente es su relación con la vida agraria y rural.

Por eso, hoy, considerada además la extensión universal de la iglesia, se imponía una revisión y una adaptación a las exigencias concretas de cada pueblo.

En España concretamente se señalaron los días 5, 6 y 7 de octubre, o al menos el día 5. Si la celebración se limita a un solo día, se elegirá una de las misas de las que se proponen para los tres, especialmente aquellos formularios que abarcan los tres aspectos que comprende la celebración: acción de gracias, petición y conversión.

El misal ya ofrece los formularios convenientemente dispuestos. Las fechas elegidas son muy oportunas porque en ellas tiene lugar el comienzo de curso, no sólo académico, sino también pastoral, en las parroquias, movimientos apostólicos, comunidades, etc., que han interrumpido o aminorado sus actividades durante el verano. Por otra parte, esas fechas también son importantes para el mundo de la agricultura.

De lo que se trata es de reunir a la comunidad para celebrar la vida humana y el trabajo de todos los hombres como un don de Dios y una oportunidad de enriquecimiento personal y social, todo ello en el espíritu de fe y de conversión propios de los creyentes, conscientes de la autonomía de todo lo temporal, sí, pero también de la necesidad de la ayuda divina para realizar la propia vocación y misión en el mundo.

También corresponde a las conferencias episcopales determinar su fecha y número de días.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: Biblioteca Católica Digital (Mercaba)/ J. López Martín.


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