Plegaria Eucarística (Prefacio)

Inicia la Plegaria Eucarística con el Prefacio, en el cual se expresa especialmente la acción de gracias. En nombre de todo el pueblo, el sacerdote glorifica a Dios Padre y le da gracias por toda la obra de la salvación o por un aspecto particular de ella referente a la fiesta del día o al tiempo litúrgico (IGMR 79).

El prefacio es como la gran obertura de la Plegaria Eucarística. Su etimología pre-factum, significa literalmente “antes del hecho”, y se refiere a la gran obra que es la Plegaria Eucarística, centro de la celebración de la Santa Misa.

Si hay concelebrantes, en ese momento se acercan al altar. Si hay muchos concelebrantes, únicamente se acercan dos, o cuatro si se va a emplear el Canon Romano. Los demás pueden permanecer en los lugares en donde se encontraban.

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Los concelebrantes se colocan a los lados del celebrante principal, procurando dejar un espacio para que el diácono pueda acercarse a cumplir sus funciones (IGMR 215). Los diáconos permanecen un poco detrás del celebrante principal, en señal de que no están celebrando la Misa (IGMR 215).

El sacerdote, en nombre del pueblo santo glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de la salvación o por alguno de sus aspectos particulares.

Hay una gran variedad de prefacios, que encierran los motivos para glorificar a Dios, según la solemnidad o fiesta que se celebre o según el tiempo litúrgico en que nos encontramos.

El Prefacio consta de cuatro partes:

La primera parte: El diálogo inicial, siempre el mismo y de antiquísimo origen, que ya desde el principio vincula al pueblo a la oración del sacerdote, y que al mismo tiempo levanta su corazón «a las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios» (Col 3,1-2).

«El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu. -Levantemos el corazón. -Lo tenemos levantado hacia el Señor. -Demos gracias al Señor, nuestro Dios. -Es justo y necesario».

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Segunda Parte:  La elevación al Padre retoma las últimas palabras del pueblo, «es justo y necesario», y con leves variantes, levanta la oración de la Iglesia al Padre celestial. De este modo el prefacio, y con él toda la plegaria eucarística, dirige la oración de la Iglesia precisamente al Padre.

La Tercera Parte:  La parte central, la más variable en sus contenidos, según días y fiestas, proclama gozosamente los motivos fundamentales de la acción de gracias, que giran siempre en torno a la creación y la redención.

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Cuarta Parte: El final del prefacio, que viene a ser un prólogo del Sanctus que le sigue, asocia la oración eucarística de la Iglesia terrena con el culto litúrgico celestial, haciendo de aquélla un eco de éste: «Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo» …

La Finalidad del prefacio, es agradecer a Dios todos los dones, todos los beneficios que a lo largo de la historia de la salvación nos ha concedido. Reconocer su grandeza, reconocer sus obras, conlleva dos actitudes: 1. Acción de Gracias. 2. De Alabanza.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: Liturgia Papal/ https://www.hogardelamadre.org.


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