La Exaltación de la Cruz. En su Liturgia.

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La exaltación de la cruz, fiesta que celebramos hoy, ha de ser para nosotros ocasión de hacer memoria, de recordar y proclamar muy alto que se ha querido olvidar y silenciar incluso dentro de la misma iglesia: que Cristo ha sido exaltado en la cruz y que todos los que son de Cristo no pueden apetecer otra gloria que ésta.

Las lecturas de hoy subrayan de modo particular el carácter salvífico de la cruz (1. lectura y evangelio), y muestran que la condición divina de Jesús, lejos de mantenerle a distancia de nosotros (manifestando en esa lejanía gloriosa su condición) lo hace “pasar por uno de tantos”, “como un hombre cualquiera” hasta someterse incluso a la muerte, y “una muerte de cruz”. “Por eso Dios lo levantó”.

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En íntima conexión con la cruz de Jesús, mañana celebramos la fiesta de los dolores gloriosos de la Virgen María.

No hizo alarde de su categoría de Dios (2. lectura). ¡Con lo que a nosotros nos gusta distinguirnos, separarnos, encumbrarnos! Aquel que “era de condición divina”, en cambio, tomó la condición de esclavo y se comportó como un hombre cualquiera. Nada le fue ahorrado de la común condición humana, que asumió hasta la muerte.

Tanto amó Dios al mundo… (evangelio). El amor es comunicación y donación. El amor de Dios, también (el amor de Dios, primero). Jesús, el hijo único, es el gran don de Dios al mundo: tan grande, que establece una comunicación con nosotros; tan grande, que asume incluso esa realidad dura, escandalosa, inexplicable, que es el sufrimiento y la muerte.

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Dios no condena; Dios salva: la cruz es expresión del amor salvador de Dios. No temamos mirar de frente a Jesús clavado en cruz y exclamar como san Pablo: Estoy seguro de que nada ni nadie “podrá separarnos del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 39).

En tiempos de Pablo todavía era la cruz un escándalo para los judíos y una necedad para los romanos; pero los judíos y romanos de nuestro tiempo, los césares y fariseos de hoy, se honran con la cruz y se condecoran.

La cruz fue para Cristo la voluntad del Padre cumplida hasta el extremo: “y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre”. Fue para Cristo la última palabra y la más elocuente.

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En la palabra de la cruz manifestó de una vez por todas lo que es Dios y quiere ser para los hombres, y ahora sabemos que Dios es amor. La cruz fue para Cristo ponerse en el último lugar y prestar el mejor servicio a todos los hombres.

En la Cruz de Jesucristo Dios nos manifiesta su amor.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: J. Totosaus/ Joaquim Gomis/ Biblioteca Católica Digital (Mercaba)


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