Domingo XXVI Del Tiempo Ordinario. Ciclo B. “El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela”.

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En las lecturas de hoy podemos fijarnos en diversos consejos que afectan a nuestra vida cristiana. Son consignas que contribuyen a que vayamos amoldando nuestros criterios de actuación a la mentalidad de Jesús.

La Palabra de Dios que escuchamos en cada Eucaristía nos va educando, nos ayuda a confrontar nuestra escala de valores con la mentalidad de Cristo. Es incómodo, pero es necesario, para que no conformemos nuestra vida según este mundo, sino según la voluntad de Dios que nos enseña Jesús.

Dos lecturas, la primera, tomada del libro de los Números, y la segunda del evangelio de san Marcos, nos hablan de la misma cuestión: las divisiones entre los seres humanos. El libro de los Números nos cuenta el caso de Eldad y Medad, dos ancianos del pueblo, que se permiten profetizar a espaldas de Moisés. Josué denuncia su atrevimiento, pero Moisés justifica su conducta. Algo semejante relata Marcos en el evangelio.

Jesús envió a sus discípulos a predicar el evangelio y expulsar demonios. De regreso, contentos por el deber cumplido, se jactan de haber prohibido expulsar demonios a uno que no era del grupo. Jesús desautoriza su celo, razonando que todo el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor. Es el ejemplo de la primera lectura, tomado de la historia de Moisés. Josué pide a Moisés que prohíba a los ancianos profetizar, pero encuentra en Moisés la respuesta contraria.

Moisés no tiene celos de que otros posean el espíritu del Señor; al contrario, desearía que todo el pueblo pudiese profetizar.

El profeta sabe interpretar la realidad a la luz de Dios, aplica su oído a la realidad y logra escuchar sus gritos silenciosos, inaudibles fuera del espíritu del Señor. La realidad es muchas veces el texto de lectura donde el profeta lee la voluntad de Dios para hacerla presente a los demás. El profeta no es hombre evadido, idealista, iluso, alejado del mundo.

El Espíritu obra donde quiere, sin fronteras, con universalidad. Es el Espíritu siempre más católico que la misma Iglesia católica. Jesús y su Espíritu no son propiedad o exclusiva de la Iglesia. Son patrimonio de la humanidad.

Los auténticos seguidores y amigos de Dios se gozan en la libertad del Espíritu. No se sienten desairados porque buscan en todo los intereses de Dios, al que aman, y no los propios. Y esto es lo importante: que el bien se abra camino. El orgullo es algo muy sutil. Es fácil verlo en los demás, pero no en uno mismo.

Dos cosas nos llaman la atención en ambos relatos: Primero: el pequeño grupo de los que creen, de los religiosos, de los dedicados al apostolado, se sienten los dueños del Espíritu de Dios y sus únicos depositarios.

Creen que lo recibido gratuitamente de Dios les pertenece de forma exclusiva como si fuese su propiedad privada. Todos sabemos por experiencia que esto es algo muy real y de todos los días.

El auténtico hombre de Dios es abierto, generoso, de ideas amplias. Invocar el nombre de Jesús con fe es creer en su obra de salvación y en el poder que el Padre le ha concedido para salvar a todos los que crean en él. Hacemos esta invocación de múltiples maneras, pero la principal es la plegaria eucarística, memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Pero, cuidado con despreciar a aquellos que con buena voluntad invocan con amor el nombre de Jesús, aunque no sean del todo de los nuestros y no vengan a misa.

Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el Espíritu del Señor. Y esta realidad se cumplió en los tiempos mesiánicos, pues el Espíritu de Dios, comunicado a los Apóstoles en el cenáculo, es derramado sobre todos los creyentes mediante la imposición de las manos de los mismos Apóstoles y de sus Sucesores. Profetizar, hablar en Nombre del Señor. Esta es la misión de la Iglesia.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: J. Alzadábal/ José María Vigil/Francisco Bartolomé  Gonzalez/ Santo Benetti/ Hilari Raguer/ Biblioteca Católica Digital (Mercaba)


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