Domingo XXXI del Tiempo Ordinario. Ciclo B. “Escucha, Israel: Amarás al Señor con todo el Corazón”

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La pregunta del letrado del evangelio de este domingo nos pone en la pista de lo principal de su mensaje, porque el letrado pregunta precisamente por lo principal, por lo esencial, por el primer mandamiento. ¿Qué es lo más importante? ¿En qué se resume todo? Son preguntas importantes y muy al estilo del sentir de hoy.

Ser hermanos porque Dios es nuestro Padre: he ahí lo principal, lo primero, lo esencial, la identidad del mensaje cristiano. Somos hermanos. Lo hemos oído mil veces. En casi todas las homilías el sacerdote comienza saludándonos con esa gran verdad: “queridos hermanos”. Así de sencillo. Así de fácil.

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Lo decisivo para Jesús no es cumplir meticulosamente muchas normas y preceptos, lo más importante no son “los holocaustos y sacrificios”, sino que lo decisivo y más importante según el Evangelio de Jesucristo es el amor a Dios y al prójimo. Este es el mandamiento mayor, el que nos debe preocupar más y de verdad. El que puede dar sentido y contenido a toda otra norma y mandamiento.

El amor nace más hondo y llega mucho más lejos. Hace que toda la vida tenga una luz diferente. Nos afecta a los ojos, y a la mente, y al bolsillo.



Al que ama, se le nota siempre: respira amor, contagia amor. ‘Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en cama y yendo de camino, acostado y levantado’. Está hablando del que ama a Dios ‘con todo el corazón, con toda el alma, con todas sus fuerzas’.

Todo auténtico amor tiene en Dios su fuente. Dios es amor, y la creación entera no es más que un poco de ese amor, que a Dios se le derrama de puro lleno. Por eso el amor es tan bonito: es que se parece a su padre Dios.

Lo que Dios quiere: que amemos a los demás. Por eso Israel repite constantemente esta afirmación solemne: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”.

Por eso también, inmediatamente antes ha dicho: “Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos”. De eso se trata: de amar con toda la fuerza al único Señor y Dios, y de escucharlo y seguir el camino que él propone.

En el Antiguo Testamento, el Deuteronomio es el que más emplea la expresión “amar a Dios”; es más rara en los otros libros, como por ejemplo, el libro de Josué (22. 5: 23, 11), el salmo 30 ( v. 24) y el Eclesiástico ( 2, 10; 7, 32). También el término “amor” se emplea bastante raramente.

Sin embargo. el Antiguo Testamento nos habitúa a una terminología paralela, como la de “temor de Dios”, “servicio”, “buscar el rostro de Dios”, “fidelidad. Aquí la afirmación del amor va unida al monoteísmo “El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”. Pero Jesús añade el amor al prójimo como íntimamente unido al amor de Dios.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: Dabar/ Joaquim Gomis/ Biblioteca Católica Digital/ Jorge Guillen García/ J. Lligadas.

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