V Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C .  Dejándolo todo, lo siguieron.

leccionario-1.jpg

La liturgia de este quinto domingo del tiempo ordinario nos presenta un tema de total importancia en la vida del cristianismo: el tema del “llamado”.

La llamada (vocación) es un acontecimiento que afecta decisivamente y para siempre la existencia del hombre o de la mujer. Percibir, asumir y vivir fielmente esta vocación o llamada es algo que se va haciendo en un proceso de maduración diverso y gradual.

Dos personajes son los protagonistas de este llamado: Isaías y Simón Pedro. Ellos en un diálogo, siempre con resistencia, con sus miedos e inseguridades, responden de modo positivo a quien les llama, a pesar de que eso supone cambiar radicalmente sus vidas, sus propios proyectos vitales.

11071746_1008373255861813_1392401150160499111_n-1.jpg
Será, pues, un domingo, en el marco de la asamblea cristiana, para encontrarnos con Dios, para renovar nuestra vocación para la misión que Dios nos ha encomendado, a la que nos ha llamado.

Los domingos pasados centrábamos nuestra homilía en su calidad de Profeta. Hoy aparece buscando colaboradores y llamando a los primeros apóstoles. Apóstol, “enviado”. Luego, después de la Pascua, esos mismos enviados van a continuar la obra evangelizadora y salvadora de Cristo por todos los confines de la tierra.

En la pesca sobre el lago está simbolizada para Lucas toda la actividad de Pedro y de la Iglesia. Hasta entonces Jesús actuaba de una manera directa y personal; desde ahora actúa por medio de los hombres que les escuchan o cumplen su palabra (lanzan en su nombre las redes sobre el lago).

pedro-pesca-1.jpg

El agua tiene en el A.T. un sentido negativo y caótico; sacar de las aguas es salvar (Gn 1.7; Ex 14; 15). Toda salvación se realiza a través del agua: el Bautismo.

Este episodio lo podemos dividir en tres partes: la predicación de Jesús, la pesca milagrosa y la vocación de varios discípulos.

También los apóstoles, como Isaías, se sienten pecadores y débiles. Pedro lo dice como portavoz de todos. Y además, se sienten fracasados: no han pescado nada en toda la noche.

Pero la vocación de Dios siempre comporta su ayuda y su fuerza. En nombre de Jesús sí tienen éxito: el lago parecía vacío, pero resulta que estaba lleno. Cristo no se sirve para continuar y visibilizar su obra sólo de ángeles o de santos: busca a personas sencillas, débiles, pecadoras. Pero dispuestas a seguirle con generosidad y a entregar sus energías y sus años para el bien de los demás.

images (12)-1.jpeg

El Antiguo Testamento preparaba ya la Iglesia y su misión. Fue Dios quien escogió a sus hombres y él es quien los envía; la extensión de su Reino es obra de sus propias manos. Señor, tu misericordia es eterna no abandones la obra de tus manos (Sal 137).

Las lecturas de hoy son tres ejemplos de vocación. Para las tres, el esquema es el mismo: Dios llama y el hombre le responde. Al mismo tiempo, son diferentes, porque cada persona es diferente; porque los dones de Dios se manifiestan diversamente; porque en cada uno interviene la propia libertad.

Es gracias a nuestra respuesta positiva que somos libres de verdad. Porque nadie ama tanto nuestra libertad como quien la ha creado, y continuamente la observa en la defensa como la mejor respuesta a su libertad.

En la lectura profética se nos describe la experiencia de Isaías en el templo de Jerusalén cuando es llamado para ser enviado y hablar al pueblo en nombre de Dios. El profeta se siente indigno, porque ha tenido una experiencia tan intensa de lo que es Dios, de lo que es su Palabra, que no se atreve a hablar a un pueblo infiel, ya que él mismo se considera parte de ese mismo pueblo.

image002-1.gif

Lo que se quiere poner de manifiesto en esta experiencia del propio profeta, no es algo que solo vivirá él, sino todo el pueblo a causa de su palabra profética, que es Palabra de Dios. Quien es llamado a ser profeta siente que le arde el alma y el corazón.

El profeta que tiene la “suerte” no dormirá tranquilo. Ya verá la vida y la religión de otra manera. A cada uno le ocurre en su “status”. Es probable que Isaías fuera de familia distinguida, quizás sacerdotal. Ahí llega también la palabra de Dios para purificar y transformar.

En todas las lecturas, vemos cómo se impone la Palabra de Dios, Dios mismo, Jesucristo resucitado, en la vida de todos aquellos que deben colaborar en el proyecto salvífico sobre este mundo y transforma la existencia de cada uno.

La Palabra de Dios tiene una eficacia que motiva la respuesta de Isaías, de Pedro y los apóstoles y de Pablo. No eran santos, sino pecadores y alejados de la “santidad divina”. La Palabra, Jesucristo, su evangelio, se impone en nuestra vida, pero no nos agrede: nos interpela, nos envuelve misteriosamente, nos renueva, cambia los horizontes de nuestra existencia y nos lleva a colaborar en la misión profética del evangelio, que es la misión fundamental de la Iglesia en el mundo.

Si al principio dan un poco de miedo las respuestas, estas se hacen radicales, porque no es necesario ser santo o perfecto para colaborar con Dios.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: J. Aldazabal/ Jaume Grane/Biblioteca Católica Digital (Mercaba)/ Adrien Nocent/Santos Benetti/ Jordi Guardia/Fray Miguel de Burgos, O.P.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s