Las 30 Misas Gregorianas

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Son una serie de Santas Misas que tradicionalmente se ofrecen en 30 días consecutivos tan pronto como sea posible después del fallecimiento de una persona. Estas Misas son ofrecidas individualmente por el alma de una persona.

La costumbre de celebrar las Misas Gregorianas por un alma en particular, demuestra que hay muchas personas que no están listas para el cielo inmediatamente después de morir, y que por eso, necesitan el poder intercesor del sacrificio de Cristo, presente en la Santa Misa.

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La Iglesia mantiene esta práctica, de gran arraigo popular, con sentido de sufragio por los difuntos. Pero ha mitigado la obligación de la celebración ininterrrumpida, según la declaración Tricenario Gregoriano (24-2-1967). Si por un impedimento imprevisto (vgr., una enfermedad) o por otra causa razonable (vgr., celebración de una misa de funeral o de matrimonio), un sacerdote tuviere que interrumpir el treintenario, ‘este mantiene por disposición de la Iglesia los frutos de sufragios a él atribuidos por la práctica de la Iglesia y la piedad de los fieles hasta el momento presente, pero con la condición de completar lo antes posible la celebración de las treinta misas’ (EV 2/966)’.

Las Treinta Misas Gregorianas pertenecen a la liberación de las almas del Purgatorio a través de la asistencia de Nuestra Señora. Inspirado por el Espíritu Santo, el Papa San Gregorio nos dio el privilegio de las Treinta Misas Gregorianas.

Las treinta misas gregorianas han sido ampliamente utilizadas en los monasterios benedictinos desde la Edad Media. Sólo las fiestas de Navidad, Pascua y Tridium de Semana Santa, cuando caen entre las treinta Misas, pueden interrumpirlas sin romper el privilegio.

El nombre de las Misas Gregorianas viene de San Gregorio Magno, quien fue Pontífice del 590 al 604. San Gregorio Magno contribuyó a la difusión de la práctica piadosa de celebrar estas Misas por la liberación de las almas del purgatorio. En sus escritos, él nos dice que celebraba las Misas en 30 días consecutivos por el eterno descanso del alma de Justus, un monje que había muerto en el convento de San Andrés en Roma. Al final de la última Misa, el fallecido se le apareció a uno de sus compañeros monjes anunciándole que había sido liberado de las llamas del purgatorio.

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Las misas gregorianas se ofrecen a menudo en un altar privilegiado, aunque no es obligatorio. Cuando se inició la práctica, se limitó únicamente a las misas pronunciadas en el altar del monasterio de San Andrés en Roma, utilizado por San Gregorio cuando era abad de San Andrés. Más tarde, ese mismo privilegio se extendió a otros altares en Roma, y luego en otros lugares. El Papa León XIII declaró que una Misa en un altar privilegiado es equivalente a las Treinta Misas Gregorianas.

P. Jorge Nelson Mariñez Tapia.

Fuentes: P. Miguel A. Fuentes/ http://www.laluzdemaria.com/www.marianos.org/www.teologoresponde.org


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